La obra de Ruiz Zafón es el estandarte del fenómeno best sellers. Libros ideados para vender lo máximo posible con tramas al gusto de un lector habituado al cine y lo audiovisual. En esta obra vuelve a los personajes de "La sombra del viento" y conserva el humor algo delirante e hiperbólico de esta. Si "La sombra del viento" fue un homenaje válido y entretenido a las novelas góticas y folletinescas del XIX y "El juego del ángel" un mamotreto pesado y soporífero que no te llevaba a ningún lado, esta obra se acerca por momentos a la primera, sobre todo por el humor verbenero de Fermín Romero de Torres y sus insólitas respuestas para todo. Por lo demás, la historia trata un misterio que habrá que resolver y juega con los demonios ocultos del protagonista de la obra a la que debe su actual fortuna el autor, el joven librero Sempere, en la que muy a menudo sobran palabras, frases y párrafos.
Lo que ocurre es que Ruiz Zafón no es un autor muy dado a la simplicidad expresiva. Le gusta enmarcar sus capítulos en un ambiente crepuscular, de descripciones muy literarias, pero, creemos sin la pericia de los autores a los cuales a veces homenajea. Por otro lado, Carlos Ruiz Zafón debe estar bastante harto a las críticas a su estilo henchido y farándulero haciéndonoslo ver en el personaje de Daniel Martín (autor entretenido, del gusto del público y represaliado) frente al malo de este libro, jerifalte del primer regimen franquista y, por tanto, abominable represor que, cómo no, tiene veleidades artísticas.
El libro nos resuelve algunas claves de los libros anteriores y termina con un misterio sin acabar que será el próximo fenómeno de ventas de su editorial. En fin, se trata al lector como mero consumidor de burguer libros, creados en serie. Es una pena porque su primer libro sí respetaba al lector, incluso los excesos de la prosa del autor eran justificables, pues el género lo pedía. Tuvo grandes logros, como la invención del cementerio de los libros olvidados y la muestra de esa Barcelona espectral, que el lector de sus obras busca en sus secuelas de manera infructuosa, pues solo ve una caricatura de ella.
En fin, al menos está Fermín Romero de Torres, que con su peculiar facha y palabrería nos hace pasar un buen rato y, al contrario que en la infausta "El juego del angel" la trama avanza algo y tiene algo de interés, aunque por momentos peca de incoherencia. Saludos del Criticón Lector. La próxima probablemente será "Sábado" de Ian McEwan.
viernes, 1 de junio de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
"LOS PLACERES PROHIBIDOS". LUIS CERNUDA
Normalmente, leo poemas sueltos y no poemarios, pero me vino a las manos un librito de Luis Cernuda, uno de mis poetas de cabecera, y no pude resistir leerlo con la atención que el poeta que me ha dado tan extraordinarios momentos se merecía."Los Placeres Prohibidos" es dentro de su obra "La Realidad y el Deseo" uno de los más conocidos. Encontramos aquí algunos de sus poemas más conocidos como No decía palabras o Si el hombre pudiera decir o el aún más famoso Te quiero.Cernuda en esta obra es más cernudiano que nunca. Me explico. En este poemario el poeta muestra todo el conjunto de cualidades y atributos que desde escolares nos han enseñado de él. Su cercanía con el surrealismo, ese surrealismo de baja intensidad, que nos colma los poemas con imágenes oníricas y visionarias, a las que guía un sentido no especialmente complejo de vislumbrar. Se nos ofrece Cernuda también embriagado de hiperestesia, anegado de ese exceso de sensibilidad que siempre ha sido una de las características que más ha atraído del poeta. Y, por supuesto, la sensualidad vista desde un prisma de lo prohibido, como el mismo título indica. Una sensualidad repleta de esbeltos adolescentes y cuerpos juveniles que en el imaginario del poeta son la imagen principal de la Belleza. Pero, sobre todas las cosas se muestra al gran poeta del amor maldito e imposible, al gran poeta del amor henchido de deseo frustrado como muestran estos trágicos versos:
"...Tú nada sabes de ello,Es este conjunto de poemas además en el que el poeta proyecta su rebeldía ante las convenciones morales de la época que cercenan su ansia de posesión de la belleza y le impiden su plena satisfacción y es aquí donde entra a escena otra de los consabidos tópicos sobre la obra y la vida de Cernuda, la influencia que tuvo su homosexualidad en su obra, pues es aquí donde con más claridad nos la muestra. Pero siempre me pareció injusto que de Cernuda lo primero que se estudiara fuera su condición sexual, desde la primera vez que lo leí en mis años juveniles, porque su maestría, su exquisita sensibilidad, su hondura lírica y su vagaje literario con un crecimiento sostenido a lo largo de toda su vida convierten a este poeta en cima de toda nuestra literatura y si no me creen abran un libro suyo y vean. Recomiendo a los jóvenes: No decía palabras, Si el hombre pudiera decir y Te quiero. Para los que son un poquito maduros Veía sentado. Un saludo y la próxima entrada la reservo para uno de los autores más leídos del mundo hispanoparlante, Carlos Ruiz Zafón. El Criticón Lector.
Tú estás allá, cruel como el día,
El día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro,
Un muro, ¿no comprendes?,
Un muro frente al cual estoy solo".
lunes, 7 de mayo de 2012
"EL JUGADOR". F. DOSTOIEVSKI
Dostoievski es uno de los grandes, eso es por todos conocido. Esta obra es una prueba clara de ello. El autor ruso consigue diseccionar el alma de un jugador y lo hace enseñándonos el proceso de transformación psicológica, como hacen los buenos autores realistas. El juego y su adicción se van convirtiendo en la fuerza de la novela como si estuviéramos ante una metástasis que todo lo va devorando, principalmente el alma y la voluntad de las pobres marionetas en que se van convirtiendo los personajes, fundamentalmente Alexei, el personaje principal que cuenta la historia en primera persona, logrando con ello que el lector conozca de primera mano el poder destructivo de la ludopatía.Parece ser que Dostoivski conocía por propia experiencia el vicio del juego y su poder devastador sobre las voluntades, de hecho perdió su fortuna en Centroeuropa, como el protagonista de la novela. Lo cierto es que vemos el proceso de degradación del personaje (y a todos los que lo rodean) con cierto sentimiento de comprensión porque lo que el autor consigue es dotar de humanidad al mismo. Vemos a un hombre dominado por las pasiones, primero por el afán de conquista a una mujer en apariencia inaccesible para un pobre tutor, por la diferencia económica y social entre ambos. Aquí vemos esa constante en la obra de Dostoievski, el desprecio por un sistema que endiosa el dinero, como vemos en estas citas.
"¿Por qué necesito dinero, pregunta usted? ¿Cómo que por qué? El dinero es todo" .Con el paso de los capítulos el joven protagonista va perdiendo su voluntad en favor del juego pretiriendo a la bella Polina hasta llegar a mostrarnos esas páginas finales en las que se muestra la agitación interior de un personaje que lucha con todas sus fuerzas para salir del hoyo y trata de autoconvencerse de que es posible, pero el lector, con la mirada compasiva que Dostoievski nos ha hecho tener, sabe que está atrapado en la maraña de los números de la ruleta.
"Claro que hay un motivo- dije -, pero temo no saber cómo explicarlo. Sólo que con el dinero seré para usted otro hombre, y no un esclavo".
"...¿Qué soy yo ahora? Un cero a la izquierda. ¿Qué puedo ser mañana? Mañana puedo resucitar de entre los muertos. Y empeza a vivir de nuevo. Aún puedo, mientras viva, rescatar al hombre que va dentro de mí"Vemos así cómo el dinero hace la hombría y el protagonista se puede contar de nuevo entre los hombres dependiendo del signo que el azar distribuya. Pero Alexei es plenamente consciente de este hundimiento en las aguas estancadas del juego:
" Vivo, ni que decir tiene, en perpetua zozobra; juego cantidades muy pequeñas y estoy a la espera de algo, hago cálculos, paso días enteros junto a la mesa de juego observándolo, hasta lo veo en sueños; y de todo est deduzco que voy como insensibilizándome, como hundiéndome..."Otro de los aspectos a tener en cuenta de la novela es el relacionado con el estudio de las idiosincracias nacionales con un especial énfasis en el análisis de la forma de ser y actuar rusa y la crítica, casi podríamos decir feroz, a la francesa.
En definitiva, Dostoievski como la crítica especializada propone con insistencia es un gran pintor de almas, y esta obra destaca en este sentido, almas casi siempre atormentadas y torturadas por fuerzas que les sobrepasan y que componen personajes de gran calado trágico. Una pequeña obra maestra. Saludos del Criticón lector.
lunes, 9 de abril de 2012
EL SONÁBULO DE VERDÚN. EVA DÍAZ PÉREZ
En "El sonámbulo de Verdún" Eva Díaz Pérez recrea la Europa de la 1ª Guerra Mundial, la primera guerra moderna, una guerra en la que los rostros están difuminados por los gases y el estruendo de los obuses y en la que la autora quiere poner cara a los protagonistas anónimos de la misma. La novela se centra en varios personajes que están unidos por hilos invisibles que, en algunos casos, se intuyen desdel el principio aunque pretendan ser la sorpresa final.
Destaca la voluntad de estilo con un interés por parte del narrador por mostrarnos las costuras de la narración con afirmaciones explícitas sobre los diferentes elementos de la misma: el deliberado juego con el tiempo de la trama, la presencia del narrador que se automenciona como personaje del juego narrativo ("...Un narrador que pasea con ironía por las estancias del pasado y que con sus criaturas-marionetas cuenta una historia que dura el tiempo en que una bala de un fusil y llega a su destino"), el salto por las ciudades protagonistas de esta Europa en guerra, a la manera que lo hace el protagonista checo de la novela, Smoljak: Praga, Viena, Berlín, París. Que el narrador explique tanto estos juegos al criticón lector a veces le parece un acierto, cuando se observa en ellos un deliberado juego narrativo, y otras un error, cuando parece que no se fía del lector a la hora de comprender ese mismo juego.
En definitiva, una novela en la que la historia se puede resumir en unas pocas líneas con un trasfondo argumetal algo simple, pero que está solventada con un lenguaje redondo, con un buen manejo de las formas. Pero principalmente el interés de la novela se cifra en esa indefinible sensación que nos causa el hecho de que quien escribe ha vivido la historia, la ha saboreado, se ha documentado y ha disfrutado escribiéndola, y de ello puede hacerse partícipe el lector porque por momentos uno respira sobre el barrio judío de Praga, camina por Viena y siente el cielo de Berlín. Y todo en el tiempo que dura una bala en ir directamente al cerebro tibio y gelatinoso de un soldado. Para muestra de ello propongo el siguiente enlace: http://elsonambulodeverdun.blogspot.com.es/ blog creado por la autora para los lectores participativos y curiosos. Saludos del criticón lector.
Destaca la voluntad de estilo con un interés por parte del narrador por mostrarnos las costuras de la narración con afirmaciones explícitas sobre los diferentes elementos de la misma: el deliberado juego con el tiempo de la trama, la presencia del narrador que se automenciona como personaje del juego narrativo ("...Un narrador que pasea con ironía por las estancias del pasado y que con sus criaturas-marionetas cuenta una historia que dura el tiempo en que una bala de un fusil y llega a su destino"), el salto por las ciudades protagonistas de esta Europa en guerra, a la manera que lo hace el protagonista checo de la novela, Smoljak: Praga, Viena, Berlín, París. Que el narrador explique tanto estos juegos al criticón lector a veces le parece un acierto, cuando se observa en ellos un deliberado juego narrativo, y otras un error, cuando parece que no se fía del lector a la hora de comprender ese mismo juego.Se trata de una novela mezcla de ambientación y de personajes, pues a todos los une la guerra y pasan su particular via crucis, en el que hay guiños para los lectores avezados de grandes autores del siglo XX centroeuropeos, incluso aparecen tangencialmente Elías Canetti y Franz Kafka. En cuanto a los personajes no solo les unen ciertas relaciones vitales que la novela va desvelando y que son el fundamento argumental de la novela, sino que les une una inclinación a la fabulación. Esta es una de las claves para entender la novela, pues la fabulación y la memoria, a veces incluso ajena, se convierten así en una defensa, como tantas veces, ante el paisaje desolador que deja la guerra. Se representa así lo que se olvidó, lo que pudo haber sido. Quizá el poder más destructivo lo vemos en esa capacidad que tiene incluso de callar :
"El mismo día que cayó la Pummerin, Klaus Werger desapareció o quizás decidió borrarse, convertirse definitivamente en una abstracción del silencio más atroz "
En definitiva, una novela en la que la historia se puede resumir en unas pocas líneas con un trasfondo argumetal algo simple, pero que está solventada con un lenguaje redondo, con un buen manejo de las formas. Pero principalmente el interés de la novela se cifra en esa indefinible sensación que nos causa el hecho de que quien escribe ha vivido la historia, la ha saboreado, se ha documentado y ha disfrutado escribiéndola, y de ello puede hacerse partícipe el lector porque por momentos uno respira sobre el barrio judío de Praga, camina por Viena y siente el cielo de Berlín. Y todo en el tiempo que dura una bala en ir directamente al cerebro tibio y gelatinoso de un soldado. Para muestra de ello propongo el siguiente enlace: http://elsonambulodeverdun.blogspot.com.es/ blog creado por la autora para los lectores participativos y curiosos. Saludos del criticón lector.
domingo, 18 de marzo de 2012
EL SOL DE BREDA. ARTURO PÉREZ-REVERTE
La tercera parte de la saga del Capitán Alatriste sigue siendo, como el resto de sus antecesoras "El capitán Alatriste" y "Limpieza de sangre" una novela de lectura fácil y entretenida, sin grandes alardes, pero con una voluntad de estilo más patente, quizá por el hecho de que Iñigo, el joven narrador testigo, se va haciendo mayor y los recuerdos de este deben ir en consonancia a la forma de narrarlos.
La novela tiene una temática bastante diferente a las anteriores por su perspectiva e intención. En cuanto a la perspectiva, Iñigo, ya joven mochilero de la temida infantería española, es un adolescente que empieza a tener una voz propia, que empieza a juzgar al capitán sin la dosis de admiración que se entreveía en las novelas anteriores, aunque todavía presente y mucho. Pero lo que de verdad evidencia un giro a las novelas que la preceden es la intención y la voluntad totalizadora de esta obra. Aquí ya no se trata de contar unas aventurillas entre el capitán, sus amigos y sus archienemigos malos malísimos, sino que se pretende mostrar la vida en las trincheras, la vida del soldado, verdadero héroe invisible de toda guerra. Se nos enseña el mapa de la vida y su delicada frontera, la muerte, en tiempos de guerra, con esa dosis de heroísmo fatalista y resignado que le gusta dar a Pérez-Reverte a sus personajes. Por tanto, si las otras novelas eran novelas de acción, de aventuras para entretener, esta tiene una voluntad más solemne y abarcadora y un estilo más cuajado y trabajado, sin los excesos que impidan reconocerla como una obra de fácil lectura, como al principio reconocí.
La novela adolece, a mi juicio, de excesivo fervor patriótico, a la manera de esas novelas románticas en las que la fiel infatería, dura como el acero era el látigo de Europa. Pero es un fervor muy a la manera de Pérez-Reverte, con un gusto por lo antiheroíco, por el deseo de mostrar lo que de contradictorio y soberbio tenían los sufridos personajes de la novela. Pérez-Reverte mitifica a la soldadesca, pero lo hace de una manera realista y cruel, porque lo que realmente hace el autor es sublimar la guerra y al hombre que de ella es capaz de salir airoso y altivo. Novela en la que se nos quiere mostrar, con truculencia a veces, lo que el autor ya ha visto en sus viajes como reportero de guerra: la lucha por la supervivencia pura y dura.
"También recuerdo el orgullo. Entre los sentimientos que pasan por la cabeza, en el combate, cuéntase el miedo, primero, y luego el ardor y la locura. Calan después en el ánimo del soldado el cansancio, la resignación y la indiferencia. Mas si sobrevive, y si está hecho de la buena simiente con que germinan ciertos hombres, queda también el punto de honor del deber cumplido. Y no hablo a vuestras mercedes del deber del soldado para con Dios o con el Rey, ni del esguízaro con pundonor que cobra su paga; ni siquiera de la obligación para con los amigos y camaradas. Me refiero a otra cosa que aprendí junto al capitán Alatriste: el deber de pelear cuando hay que hacerlo, al margen de la nación y la bandera; que, al cabo, en cualquier nacido no suelen ser una y otra sino puro azar. Hablo de empuñar el acero, afirmar los pies y ajustar el precio de la propia piel a cuchilladas en vez de entregarla como oveja en el matadero. Hablo de conocer, y aprovechar, que raras veces la vida te ofrece ocasión de perderla con dignidad y honra". Como se puede comprobar, pura mitificación del ardor guerrero y de todo lo que ello conlleva.
En definitiva, un fresco de la España de la época untado con la seductora pátina del desencanto, que Pérez-Reverte no esconde es un trasunto de la de hoy, en la que los buenos vasallos se ven abocados a la lucha por los malos gobernantes: "...Que si es mucha verdad que nuestra pobre España no tuvo nunca ni justicia, ni buen gobierno, ni hombres públicos honestos, ni apenas reyes dignos de llevar corona, nunca le faltaron, vive Dios, buenos vasallos dispuestos a olvidar el abandono, la miseria, y la injusticia, para apretar los dientes, desenvainar un acero y pelear, qué remedio, por la honra de su nación". Una España ruin y envidiosa, cainita en el poder a la que se le contrapone esa España real, mítica, del tercio de Cartagena, formado por soldados de todas las Españas, y que lucha en lo fatal como un solo soldado. Cualquiera que conozca al Pérez-Reverte articulista puede reconocerlo en este pasaje narrado por Iñigo Balboa.
En cuanto a Alatriste, se enfatiza su imagen fija ya conocida. Un personaje muy literario, con unas cualidades muy estilizadas y algo planas, pero muy efectivas: la frialdad profesional, su lucidez amarga y desencantada, su estoicismo resignado, en fin, su indiferencia ante la vida, quebrada por accesos de escondido sentimentalismo. Un personaje conseguido que sigue tomando forma y que por mérito del autor se ha convertido en símbolo de una época.
Para concluir, el autor utiliza ciertos artificios narrativos que denotan ese interés que mencionamos al principio por dotar de complejidad a una saga que estaba derivando a la novela juvenil, dicho sea sin el más mínimo desprecio. Estos artificios estructurales son la nota del editor final, que aporta un punto de misterio a futuras novelas por la desaparición del Capitán Alatriste de obras literarias y pictóricas conocidas como probable sanción a algo desconocido, pero que seguro se desvelará. Como siempre, la España ingrata que se despreocupa de aquellos que la han defendido. El juego narrativo, como es lógico, se nos ofrece tomando como referencia la famosa pintura de Velázquez de "Las Lanzas de Breda". Un saludo atento del criticón lector.
La novela tiene una temática bastante diferente a las anteriores por su perspectiva e intención. En cuanto a la perspectiva, Iñigo, ya joven mochilero de la temida infantería española, es un adolescente que empieza a tener una voz propia, que empieza a juzgar al capitán sin la dosis de admiración que se entreveía en las novelas anteriores, aunque todavía presente y mucho. Pero lo que de verdad evidencia un giro a las novelas que la preceden es la intención y la voluntad totalizadora de esta obra. Aquí ya no se trata de contar unas aventurillas entre el capitán, sus amigos y sus archienemigos malos malísimos, sino que se pretende mostrar la vida en las trincheras, la vida del soldado, verdadero héroe invisible de toda guerra. Se nos enseña el mapa de la vida y su delicada frontera, la muerte, en tiempos de guerra, con esa dosis de heroísmo fatalista y resignado que le gusta dar a Pérez-Reverte a sus personajes. Por tanto, si las otras novelas eran novelas de acción, de aventuras para entretener, esta tiene una voluntad más solemne y abarcadora y un estilo más cuajado y trabajado, sin los excesos que impidan reconocerla como una obra de fácil lectura, como al principio reconocí.
La novela adolece, a mi juicio, de excesivo fervor patriótico, a la manera de esas novelas románticas en las que la fiel infatería, dura como el acero era el látigo de Europa. Pero es un fervor muy a la manera de Pérez-Reverte, con un gusto por lo antiheroíco, por el deseo de mostrar lo que de contradictorio y soberbio tenían los sufridos personajes de la novela. Pérez-Reverte mitifica a la soldadesca, pero lo hace de una manera realista y cruel, porque lo que realmente hace el autor es sublimar la guerra y al hombre que de ella es capaz de salir airoso y altivo. Novela en la que se nos quiere mostrar, con truculencia a veces, lo que el autor ya ha visto en sus viajes como reportero de guerra: la lucha por la supervivencia pura y dura.
"También recuerdo el orgullo. Entre los sentimientos que pasan por la cabeza, en el combate, cuéntase el miedo, primero, y luego el ardor y la locura. Calan después en el ánimo del soldado el cansancio, la resignación y la indiferencia. Mas si sobrevive, y si está hecho de la buena simiente con que germinan ciertos hombres, queda también el punto de honor del deber cumplido. Y no hablo a vuestras mercedes del deber del soldado para con Dios o con el Rey, ni del esguízaro con pundonor que cobra su paga; ni siquiera de la obligación para con los amigos y camaradas. Me refiero a otra cosa que aprendí junto al capitán Alatriste: el deber de pelear cuando hay que hacerlo, al margen de la nación y la bandera; que, al cabo, en cualquier nacido no suelen ser una y otra sino puro azar. Hablo de empuñar el acero, afirmar los pies y ajustar el precio de la propia piel a cuchilladas en vez de entregarla como oveja en el matadero. Hablo de conocer, y aprovechar, que raras veces la vida te ofrece ocasión de perderla con dignidad y honra". Como se puede comprobar, pura mitificación del ardor guerrero y de todo lo que ello conlleva. En definitiva, un fresco de la España de la época untado con la seductora pátina del desencanto, que Pérez-Reverte no esconde es un trasunto de la de hoy, en la que los buenos vasallos se ven abocados a la lucha por los malos gobernantes: "...Que si es mucha verdad que nuestra pobre España no tuvo nunca ni justicia, ni buen gobierno, ni hombres públicos honestos, ni apenas reyes dignos de llevar corona, nunca le faltaron, vive Dios, buenos vasallos dispuestos a olvidar el abandono, la miseria, y la injusticia, para apretar los dientes, desenvainar un acero y pelear, qué remedio, por la honra de su nación". Una España ruin y envidiosa, cainita en el poder a la que se le contrapone esa España real, mítica, del tercio de Cartagena, formado por soldados de todas las Españas, y que lucha en lo fatal como un solo soldado. Cualquiera que conozca al Pérez-Reverte articulista puede reconocerlo en este pasaje narrado por Iñigo Balboa.
En cuanto a Alatriste, se enfatiza su imagen fija ya conocida. Un personaje muy literario, con unas cualidades muy estilizadas y algo planas, pero muy efectivas: la frialdad profesional, su lucidez amarga y desencantada, su estoicismo resignado, en fin, su indiferencia ante la vida, quebrada por accesos de escondido sentimentalismo. Un personaje conseguido que sigue tomando forma y que por mérito del autor se ha convertido en símbolo de una época.
Para concluir, el autor utiliza ciertos artificios narrativos que denotan ese interés que mencionamos al principio por dotar de complejidad a una saga que estaba derivando a la novela juvenil, dicho sea sin el más mínimo desprecio. Estos artificios estructurales son la nota del editor final, que aporta un punto de misterio a futuras novelas por la desaparición del Capitán Alatriste de obras literarias y pictóricas conocidas como probable sanción a algo desconocido, pero que seguro se desvelará. Como siempre, la España ingrata que se despreocupa de aquellos que la han defendido. El juego narrativo, como es lógico, se nos ofrece tomando como referencia la famosa pintura de Velázquez de "Las Lanzas de Breda". Un saludo atento del criticón lector.
miércoles, 29 de febrero de 2012
"POR LA BOCA MUERE EL PEZ". CARLO LUCARELLI Y ANDREA CAMILLERI. FEBRERO 2012
Un juego con el que mezclar a dos de los protagonistas de novela negra italiana más famosos, eso es, fundamentalmente, el experimento de este librito, que debe ser tomado como una curiosidad. La ilación del texto es en forma epistolar y mediante documentos administrativos o periodísticos que van desgranando los hechos. Nada de narración tradicional, solo la relación por carta entre el comisario Montalvano y la inspectora Grazia Negro, con su pretendida complicidad y sus aventuras levemente esbozadas. Se lee en un rato y, a mi juicio, no deja de ser más que un experimento editorial para juntar a dos autores de renombre. No obstante, su extrañeza y su fácil lectura comvierte esta novelita en un instrumento adecuado para conocer a estos autores y a sus famosos detectives. Un saludo.
domingo, 26 de febrero de 2012
"ADÁN EN EDÉN". CARLOS FUENTES. FEBRERO 2012
Carlos Fuentes se caracteriza en sus obras por el análisis pormenorizado de la sociedad mejicana. Este título es una muestra más del interés del autor por retratar las complejidades de la misma. Se trata de una novela corta en la que el narrador protagonista se confiesa a un lector intuido (al que a menudo hace referencia) para crear una complicidad que tendrá importancia al final de la novela.
El narrador, Adán Gorozpe, es un triunfador hecho a sí mismo, casado con la Reina de la Primavera hija de un comerciante del bizcocho de éxito, que probablemente es lo más logrado de la novela con sus hilarantes salidas de tono y su falta de sentido común. Gorozpe se autoanaliza, a veces demasiado machaconamente por lo repetitivo de los planteamientos, y en esta intronspección vemos cómo su vida está dividida en compartimentos estancos que no tienen el más mínimo contacto. Por un lado, su vida familiar, caótica y ridícula, con un suegro con el que convive que mantiene la habitación igual que la dejó su esposa, toda rosa excepto un bidé de hierro, una esposa hilarante y con una absoluta falta de juicio que en todas sus intervenciones dice algo incoherente, y un cuñado diletante, más serio y "normal" pero que sufre una evolución personal desde el inconformismo familiar valiente hasta la superchería redentora del Méjico perdido que el autor propone. Por otro, está su vida profesional, de hombre triunfador que domina las situaciones y no se permite errores, el hombre público, el abogado de éxito que pasa por encima de sus empleados. Por último, nos encontramos con la parcela que da sentido a su existencia, su relación con Ele, su amante. En el reducto que supone el piso donde se encuentra, Gorozpe se encuentra con su verdadero yo y vive el presente con la intensidad que el mismo requiere. Ele es su vida, pero también su debilidad.
La novela cobra fuerza cuando entra en escena el antagonista de Adán Gorozpe, Adán Góngora, policía que accede al poder y con sus maquiavélicos movimientos da carnaza a la sociedad con un sistema de terror dirigido a los más desfavorecidos y contra las clases medias venidas a menos. Adán contra Adán, el enfrentamiento está servido y. sin lugar a dudas, la descripción cruel que de Góngora hace Gorozpe es de lo mejor del libro. El enfrentamiento se decide en un final algo precipitado, pero muy a la manera mejicana, con dosis brutales de violencia. Y es que, según Gorozpe, a grandes males, grandes remedios.
En conclusión, nos encontramos con una novela menor del magistral novelista e intelectual mejicano, con variedad de tonos que van desde lo humorístico (a mi juicio, lo más logrado del libro), hasta lo cruel, pasando por lo reflexivo y lo sentimental. Una novela que muestra las bondades de estilo de Fuentes, con su manejo excelente de los coloquialismos y la pericia a la hora de poner palabras en un narrador protagonista, como ya hiciera en su obra maestra "La muerte de Artemio Cruz", pero que parece voluntariamente bosquejada como obra menor y que, por momentos, resulta reiterativa en sus planteamientos. Y, ciertamente, para ser una novela de escasas páginas adolecer de este defecto me parece estructuralmente una merma demasiado grande para un autor del caché de Fuentes. No obstante, como criticar a Fuentes casi parece una herejía, el criticón lector recomienda la lectura ya que sus logros son más grandes que sus faltas. Un saludo.
El narrador, Adán Gorozpe, es un triunfador hecho a sí mismo, casado con la Reina de la Primavera hija de un comerciante del bizcocho de éxito, que probablemente es lo más logrado de la novela con sus hilarantes salidas de tono y su falta de sentido común. Gorozpe se autoanaliza, a veces demasiado machaconamente por lo repetitivo de los planteamientos, y en esta intronspección vemos cómo su vida está dividida en compartimentos estancos que no tienen el más mínimo contacto. Por un lado, su vida familiar, caótica y ridícula, con un suegro con el que convive que mantiene la habitación igual que la dejó su esposa, toda rosa excepto un bidé de hierro, una esposa hilarante y con una absoluta falta de juicio que en todas sus intervenciones dice algo incoherente, y un cuñado diletante, más serio y "normal" pero que sufre una evolución personal desde el inconformismo familiar valiente hasta la superchería redentora del Méjico perdido que el autor propone. Por otro, está su vida profesional, de hombre triunfador que domina las situaciones y no se permite errores, el hombre público, el abogado de éxito que pasa por encima de sus empleados. Por último, nos encontramos con la parcela que da sentido a su existencia, su relación con Ele, su amante. En el reducto que supone el piso donde se encuentra, Gorozpe se encuentra con su verdadero yo y vive el presente con la intensidad que el mismo requiere. Ele es su vida, pero también su debilidad.
La novela cobra fuerza cuando entra en escena el antagonista de Adán Gorozpe, Adán Góngora, policía que accede al poder y con sus maquiavélicos movimientos da carnaza a la sociedad con un sistema de terror dirigido a los más desfavorecidos y contra las clases medias venidas a menos. Adán contra Adán, el enfrentamiento está servido y. sin lugar a dudas, la descripción cruel que de Góngora hace Gorozpe es de lo mejor del libro. El enfrentamiento se decide en un final algo precipitado, pero muy a la manera mejicana, con dosis brutales de violencia. Y es que, según Gorozpe, a grandes males, grandes remedios.
En conclusión, nos encontramos con una novela menor del magistral novelista e intelectual mejicano, con variedad de tonos que van desde lo humorístico (a mi juicio, lo más logrado del libro), hasta lo cruel, pasando por lo reflexivo y lo sentimental. Una novela que muestra las bondades de estilo de Fuentes, con su manejo excelente de los coloquialismos y la pericia a la hora de poner palabras en un narrador protagonista, como ya hiciera en su obra maestra "La muerte de Artemio Cruz", pero que parece voluntariamente bosquejada como obra menor y que, por momentos, resulta reiterativa en sus planteamientos. Y, ciertamente, para ser una novela de escasas páginas adolecer de este defecto me parece estructuralmente una merma demasiado grande para un autor del caché de Fuentes. No obstante, como criticar a Fuentes casi parece una herejía, el criticón lector recomienda la lectura ya que sus logros son más grandes que sus faltas. Un saludo.
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