viernes, 8 de julio de 2022

"EL INMORALISTA". ANDRÉ GIDE

     Esta pequeña obra del Nobel francés contiene en sus páginas grandes dilemas. Gide es un autor escasamente leído en la actualidad y, sin embargo, en sus textos encontramos una inmensa modernidad. La historia que se nos cuenta en "El inmoralista", título que ya se reconoce abiertamente como de ir a contracorriente, es la historia de una transformación y sus consecuencias. Michel, protagonista absoluto del relato, anodino y burgués especialista en estudios filológicos, verá cómo un acontecimiento vital lo transformará de hombre pasivo a hombre activo, de hombre de libros a hombre de vida con connotaciones claramente nietscheanas. Y es que en el camino trazado dirigido a la normalidad burguesa del momento, de hombre bien posicionado, Michel, tras casarse con Marceline, sufre una enfermedad que le provocará una crisis ante el encuentro cercano con la muerte. 

      En su viaje de novios será cuando enferme y desde ese momento la vida de Michel será un continuo peregrinar que más parece una búsqueda de sí mismo o una huida, lo que en este caso viene a ser lo mismo. Así, nos encontramos ante el ejemplo típico de viaje exterior provocado por un prurito interno al que nuestro protagonista quiere dar rienda suelta. Es en este viaje donde vemos realmente su necesidad de experiencias de vida, algunas cercanas al lumpen, otras a la naturaleza, otras al autoconocimiento sensitivo, también, y es este uno de los puntos más polémicos del libro al reconocimiento de la homosexualidad mediante un homoerotismo cercano a lo pedófilo. Un viaje que pasará por Túnez y Argelia, Italia, Normandía, París, Suiza para acabar de nuevo en África. En este camino observamos sutiles disquisiciones sobre la necesidad de la máscara, sobre todo con su mujer Marceline, a la que intenta esconder su cambio interior pues la quiere, dada su gran bondad y con la que en una sola ocasión llega a la felicidad completa, felicidad conjunta que en vano intenta recuperar.

    El libro toca numerosos temas de calado. Particularmente, me atrae el relacionado con la desafección hacia los bienes materiales. Así, el protagonista para llegar a su nueva condición de hombre al margen se va despojando de sus cuantiosos bienes materiales, la futilidad de los mismos en su nuevo camino podría entenderse como una crítica a los valores burgueses conservadores y tradicionales, pero esta novela no es una novela simple y sencilla en sus términos, no es una novela de tesis que dé respuestas firmes y la indigencia final del protagonista no está vista como una liberación absolutamente sanadora. De hecho, la motivación que aparece en la novela para escribirse, una misiva de un amigo de la juventud de Michel, es la necesidad de este de justificar sus acciones mediante el relato de su historia y de expiar sus culpas. Porque por el camino de transformación Michel dejará cadáveres.

     La parte de la novela más disfrutable es aquella en la que se muestran los diálogos con Menalque, trasunto transparente de Óscar Wilde. Sus ingeniosas intervenciones en los pasajes dialogados sirven, de algún modo, a Michel para abonarle el camino a seguir. Aclaran el tráfago interior en el que se encuentra. Si tenemos una imagen de Wilde provocadora e ingeniosa, esta novela nos la refuerza sin duda.

    Pese a ser tremendamente moderna en su contenido, provocador desde luego, pues ya desde el propio título desafía a la moral de los biempensantes, desde el punto de vista formal, es una novela bastante clásica y con un estilo depurado y muy preciso.

Y por mi parte, nada más. Un saludo del Criticón Lector.


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