lunes, 12 de marzo de 2018

"CASA DE MUÑECAS". HENRIK IBSEN

     Drama decimonónico en un ambiente burgués, pero con un mensaje revolucionario por lo feminista de la propuesta en la época en la que fue escrito. El autor noruego nos revela un mensaje demoledor, que rompe estereotipos y que, desde luego, es de una modernidad absoluta.

     Nora, la protagonista de la obra, se nos presenta como una esposa tradicional de una casa pudiente, un poco infantil e irresponsable. Las primeras palabras con la que vemos que es mencionada es las de alondra, un pajarillo inocente y dulce, y por ello irrelevante en sus decisiones. Conforme avanzamos en la trama vemos como su vida pública está enteramente dirigida por su esposo Torvaldo, un director de banco que vive sus horas de éxito laboral, pero Nora esconde un secreto que revela al personaje confidente que es su recién aparecida amiga la Sra. Linde. El secreto es que en un determinado momento de crisis tuvo que endeudarse con Krogstad, un empleado de Torvaldo, al cual este quiere echar por su mala fama social, con el objetivo de salvar la vida a su marido por motivos de salud. Para ello era necesario un clima templado y un viaje a Italia, realmente sufragado por el sacrificio de Nora. 

     El momento que genera la tensión en la acción es cuando Krogstad, desesperado por la posible pérdida de su puesto, amenaza a Nora de contar  a su marido la deuda si no intercede por él. Nora se ve acorralada, llegando incluso a pensar lo peor, pues su marido piensa que esos procederes son deshonestos y deshonrosos. La acción dramática nos va mostrando el cambio de perfiles en los protagonistas, la inocente Nora se muestra como un personaje de gran fuerza y valores, el recto Torvaldo es, en realidad, una caricatura de persona.

     El momento clave y climático del texto es cuando Nora revela la verdad de los hechos, su mentira que esconde la verdad de su amor por Torvaldo, el sacrificio permanente y constante en el que ha vivido. Frente a ella Torvaldo se muestra como un cobarde e hipócrita, más preocupado por las convenciones sociales que por el sacrificio y el amor de ella. Sus palabras tratándola con condescendencia ridícula, como si fuera una niña a la que educar, contrastan con la clarividencia de ella. 

     El abandono final de la casa, en donde se ha sentido como una muñeca, es el viaje al autoconocimiento, un salto al vacío a la búsqueda del sitio de uno mismo en el mundo, por encima de la condición de esposa y madre, un abandono de resonancias revolucionarias y tremendamente progresistas a finales del siglo XIX.
"Nora. –¿Qué consideras mis deberes sagrados? Torvaldo. –¿Y tengo que decírtelo? Son tus deberes para con tu marido y tus hijos.
Nora. –Tengo otros no menos sagrados.
Torvaldo. –Nos los tienes. ¿Cuáles son esos deberes? 
Nora. –Mis deberes para conmigo misma."

      En conclusión, una obra que ahonda en cuestiones tan fundamentales como la toma de decisiones, libre y consciente, de la mujer; en el contraste entre la apariencia y la verdad; y en la lucha permanente frente a las convenciones sociales que reprimen, muy a menudo, toda forma de amor sincero.


viernes, 16 de febrero de 2018

"LAS UVAS DE LA IRA". JOHN STEINBECK

      Steinbeck, cuyo premio Nobel escoció en los numerosos círculos conservadores, es un escritor político y en esta novela provoca a los sectores más capitalistas de su época y mete el dedo en el ojo de los ciudadanos ciegos a los abusos de poder. Un libro en el que hay constantes digresiones en las que se habla de la situación del país. Una novela política en la que los desheredados de la tierra, los expoliados, afrontan un viaje, movidos por la desesperación, a una Arcadia prometida en un papel impreso naranja. Un viaje por las carreteras heroico en el que vamos viendo cómo la familia va reduciéndose ante las perspectivas de la nada, pero en la que la solidaridad de las gentes pobres y honradas son un motivo para la esperanza. Una solidaridad que se ejerce frente a un capital que se muestra inhumano con las necesidades humanas. Y es que huyen del expolio para meterse de cabeza en un infierno de abusos y hambre. De granjeros a emigrantes, el proceso de adaptación será duro.

    La familia Joad se convierte en el núcleo protagonista de la historia. Se presentan sus vicisitudes a lo largo del camino y también al llegar a California, El Dorado simbolizado en esas uvas que dan título a la obra y que son signo patente del abuso de poder. En la que los padres, sin poder coger la fruta que se pudre en las vides,ven a sus niños enfermos de pelagra morir de hambre.
"En el alma de las personas las uvas de la ira se están llenando y cogen peso, listas para la vendimia"
     En una sola oración vemos el significado profundo de la novela. El paso del yo al nosotros supondrá siempre un peligro para los poderosos y si la vida es "un hecho sagrado", como muy bien dice Casey, el predicador, la violación de la misma tendrá necesariamente consecuencias.

     El predicador es un personaje extraordinario, un hombre dominado por la trascendencia, de una bondad atrayente, que es acogido por la familia en su viaje (inolvidable la escena de la reunión familiar para decidir si viaja con ellos o no). De su verborrea inicial vamos viendo que pasa, ante el pasmo que le produce la visión de la realidad, a un mutismo que veremos que también es transformador. Casey muda de predicador que no quiere serlo a líder sindical y, por último, a mártir y eslabón que traslada el testigo al que suponemos será un verdadero líder, aquello que durante gran parte de la novela nos está diciendo que teme el poderoso, Tom Joad, el hombre fuerte de la familia Joad.

    En uno de los pasajes digresivos del libro se explica el proceso de la rebelión que se fragua. Así, "... el ser propietarios te deja para siempre en el yo y te separa para siempre en el nosotros" o "... la necesidad sirve de estímulo al concepto, el concepto estimula la acción". Con menciones así no es extraño que el libro fuera molesto en determinados sectores más conservadores. En otro capítulo digresivo se explica cómo los primeros californianos fueron degradándose, cómo no será el dinero la espina que infectará a las nuevas generaciones.
"El dinero fue mermando el amor de aquellas gentes y su carácter indómito se disolvió gota a gota en los intereses hasta que de ser granjeros pasaron a ser tenderos de cosechas"
     El autor muestra constantemente su respeto y amor a la tierra en sí misma y una animadversión clara hacia el mercantilismo que despoja de humanidad las relaciones. A veces, en un tono bíblico y apocalíptico.

     Plenamente actual es la concepción que decanta el libro sobre el emigrante, al cual los ciudadanos del lugar le tienen miedo porque saben que del hambre y de la injusticia surge la rebelión. Pero el tratamiento que se dispensa a la emigración es el uso de las armas y la coacción, en ningún momento  se ataja el problema principal, del cual derivan los demás: el hambre misma. Okies, por su procedencia mayoritaria, son llamados de forma despectiva.  Y en el desprecio del calificativo está el odio del supremacista, del racista, del abusador. En algún momento vemos que se los ve desde fuera como infrahumanos. Y, el lector que ha acompañado a la familia en su viaje, es asaeteado en las visceras por la injusticia.

    El camión que comienza el viaje está formado por los dos abuelos, los padres, seis hijos, de ellos dos niños y una embarazada, el novio de la hija embarazada, un tío con problemas de conciencia y alcohol y el predicador. En el viaje la solidaridad de las gentes humildes, las historias y los cuentos para evadirse, la música, los códigos que hay que respetar, como no comer delante de los hambrientos, matizan lo que es, en realidad, toda una odisea heroica. Porque esta novela siempre se ha considerado una novela política, pero para mí, más que política es una novela de aventuras, porque una verdadera aventura trágica pasa la familia. Tom Joad, exconvicto por dar muerte a un hombre en una pelea, es el líder de la familia, junto con una madre que es un torrente de fuerza y es el pegamento principal de la misma. Pero su liderazgo no impedirá que la familia vaya mermando por muertes y abandonos.

     El final del libro es, estoy convencido, uno de los finales más hermosos que hay en la historia de la literatura. El heroísmo de una humanidad radical se hace patente, una vez más en la historia, y se muestra como símbolo de la supervivencia en la maternidad y el desprendimiento. Esa hija, en tantos momentos superada y desquiciada por el viaje, en el peor momento de su vida, brinda su pecho a un desconocido agonizante de hambre. Y en ese acto, recogido con una ternura infinita, está el quid de la cuestión de la novela, y por qué no de la vida.

   Definitivamente, estamos ante una novela de época, de tesis clara, que podríamos considerar política o simbólica o de aventuras o todo a la vez. Una novela extraordinaria que sirve de estímulo para denunciar todas las situaciones injustas que hay en el mundo.


lunes, 8 de enero de 2018

"LA IMPACIENCIA DEL CORAZÓN". STEFAN ZWEIG

     Zweig es, como ya vimos en una anterior entrada, un verdadero referente moral del siglo XX literario. Su escritura muestra conflictos morales en los que se coloca al lector ante situaciones de difícil resolución. En esta obra nos relata una historia que tiene mucho de literatura de tesis sobre el concepto de la compasión. Se abordan las consecuencias de esta cuando sale directamente de la impaciencia del corazón y no de una verdadera humanidad interior. La novela da vueltas constantes sobre la misma idea de múltiples formas y capta el interés más que por el argumento, por la maestría del autor, al que podemos considerar un verdadero grande de las letras europeas, y por el sutil conocimiento del alma humana del que hace gala el narrador.

     Ese conocimiento del alma humana se plasma en retratos perfectos en unos personajes de una verdad compleja, con una psicología muy real y con unas reacciones coherentes y, por el peso del embrollo en el que se mete el personaje principal, el teniente Hofmiller, también abrumadoras y angustiosas. La interioridad de los personajes, sus motivaciones, sus cambios de actitud, sus flaquezas y miserias, pero también sus heroicidades diarias atrapan a un lector que, constantemente, se ve interpelado en este conflicto permanente que tiene el personaje entre la verdad de sus sentimientos y la impaciencia del corazón que le mueve a la compasión y le generan debilidad de carácter.

     Además, del teniente Hofmiller y su debilidad en el conflicto en el que él solo se mete, varios personajes están también tratados con profundidad y solvencia. La pobre tullida Edith que, locamente enamorada de Hofmiller, muestra una personalidad cambiante y tiránica, suscita compasión pero, a la vez, cierta repulsión. Kekesfalva, un padre dedicado toda su vida a medrar, que consigue un imperio desde la nada, y que ante la desgracia de su hija se ve perdido y completamente superado. El doctor Condor, aparentemente insensible, pero que pone el contrapunto racional a la espiral de exceso de compasión en la que Hofmiller se mete de lleno.

    En definitiva, una obra que hace pensar, que coloca al lector ante tesituras complejas y que nos enseña que la compasión, si no es real, si surge de la impaciencia del corazón o de una piedad de cartón piedra puede generar mayores problemas que la indiferencia o las simples relaciones formales. Una formalidad que, por otra parte, está muy bien desarrollada en esta novela cuyo trasfondo es ese imperio austro húngaro en trance de desaparecer por la Gran Guerra.

    Un saludo del Criticón Lector.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

"EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS". NAGUIB MAHFUZ

     Naguib Mahfuz fue el primer escritor en lengua árabe en recibir el premio Nobel. Tuvieron que esperar las letras árabes el reconocimiento de la Academia Sueca hasta 1988. No  parece muy lógico dada la tradición literaria, excelsa y antiquísima, de todos los pueblos que escriben en árabe. Este libro quizá sea el que más éxito ha tenido en Occidente de su autor. Una novela en la que se universaliza el mundo egipcio, especialmente el relacionado con una condición social baja, sin perder el aroma que desprenden sus peculiaridades para un occidental,

     La novela, como en círculos concéntricos, desde el punto de vista de la localización espacial, va desgranando las historias de una serie de personajes, de sus vidas, sus miedos, sus virtudes, y, sobre todo, sus vicios. Seres humanos extraordinarios, en un ambiente reducido, con escasísimas posibilidades de ascenso social que viven sus penurias en plena II Segunda Guerra Mundial que, curiosamente, se convierte para algunos de ellos en una posibilidad de mejorar económicamente. Los círculos de los que hablamos perfilan a los personajes, primero el café, lugar de reunión de los hombres, luego el propio callejón, verdadero protagonista de la novela, para pasar después a las calles adyacentes y, por último, a la zona de los barrios pudientes con grandes edificios de la gran ciudad de El Cairo.

     El contraste entre el mundo del callejón y el mundo de los pudientes es clave para entender la novela y, fundamentalmente, una de sus tramas, la más relevante, la que corresponde a Hamida, mujer de gran belleza, que está dispuesta a utilizar esta misma hermosura para conseguir el ascenso social que tanto ambiciona. Tras varios intentos de escalar socialmente por medio del matrimonio, al final opta por una salida más indigna, pero que revela en su carácter un ansia de libertad, de rebelión a lo establecido, tan demoníaca como admirable. Desde el principio, Hamida demuestra un carácter indomable, libre y contestatario, incluso por su aversión a algo que en las sociedades tradicionales, y esta que muestra el libro lo es mucho, es sagrado: la maternidad.


     Hay todo un conjunto de personajes, cada cual interesante y con sus cualidades muy conseguidas. Pero haré una selección con aquellos que más importancia tienen en el relato y con alguno tan curiosos que resulta imposible no mencionarlo.

     Abbas es el primer enamorado de Hamida, joven e inocente barbero, lo deja todo para trabajar para los ingleses y ganar dinero para poder darle un futuro mejora a Hamida. Pero ella lo olvida pronto, aunque sus vidas se volverán a unir trágicamente al final del libro.

     Kirsha es el dueño del café. Su trascendencia como personaje está relacionada con el hecho de que escandaliza al barrio con sus vicios, es consumidor de hachís y, pese a estar casado, busca con fruición satisfacer sus deseos homosexuales con jóvenes apuestos.

     Luego vemos el contraste entre el materialista y misántropo Salim Alwan, otro de los cortejadores de Hamida, y la bondad  y religiosidad optimista de Radwan Husaini. Vemos a la celestina del barrio, interesada y mezquina, Umm Hamida. Al Doctor Bushi, el dentista con sombras en su vida que escandalizarán al callejón, al pobre y desequilibrado jeque Darwish, al bueno del tío Kamil, a los panaderos y sus peleas...

    Pero ya sea por su profesión o ya sea por su falta absoluta de ética, el personaje que más me inquietó y atrajo fue el de Zaita. No es más relevante en protagonismo que los demás pero resulta fascinante. Vive en un cuartucho desde el que mira el mundo con odio y se dedica a deformar a personas para convertirlas en mendigos. Esa es su profesión y gana sus emolumentos con la comisión de lo que sacan estos mendigos en la calle. Su naturaleza oscura y siniestra, el asco que produce, lo convierten en un personaje extraordinario.

     En general, Mahfuz realiza una crítica sutil e indirecta a la situación social de estos personajes, una crítica que, además, muestra, con ejemplos simbólicos como el del primer capítulo en el que un viejo poeta recitador es desterrado del café por una radio, la transición de las sociedades tradicionales en un contexto de técnica y modernidad. Contexto que relega a nuestros personajes ora a excluidos, ora a servidores de los extranjeros, en este caso los ingleses.

Y por nuestra parte nada más. Un saludo del Criticón Lector.

   
   

jueves, 23 de noviembre de 2017

"LA TRISTEZA DEL SAMURAI". VÍCTOR DEL ÁRBOL

     "La tristeza del samurai" fue uno de los primeros libros del reciente premio  Nadal, Víctor del Árbol y fue muy reconocido en el ámbito estricto de la novela negra, ya que incluso llegó a recibir premios en el difícil marco literario francés. Sin duda, es una novela de género, que pretende de lleno entretener al lector con un gran aparataje de asesinatos, rencillas, espionaje, psicópatas, víctimas y verdugos de todo tipo.

     La novela se desarrolla en dos lugares y épocas históricas, fundamentalmente: la Extremadura de la  posguerra civil y la Cataluña de principios de los ochenta. En ambas fechas se produce una cadena de acontecimientos que recoge el sufrimiento y las culpas de los diferentes personajes que se transmiten de generación en generación. Todo parte del asesinato de Isabel Mola a traición. A raíz da ahí surge una trama en la que hay una serie de víctimas, entre los que destacan principalmente los hijos de la propia Isabel: Andrés y Fernando. Pero la novela, pese a padecer los vicios habituales de las novelas negras (ya saben unos  malos muy malos que se mueven en un lodazal de sentimientos, cuando no en una absoluta falta de ética) mantiene con algunos personajes una cierta ambigüedad crítica. Principalmente, esto se da con la protagonista principal María Bengoechea, abogada que consigue el éxito laboral gracias a la acusación frente a un policía llamado César Alcalá, por malos tratos a un informante, llamado Ramoneda. Entre ellos se formará una tupida red de relaciones en la que el dolor y la muerte están presentes permanentemente.

     En la novela aparecen malos tratos, espionaje, la División Azul, campos de concentración, traiciones, incendios, desequilibrados, venganzas, violaciones, secuestros, asesinatos a sangre fría... todo ello con el hito histórico del golpe de Estado del 81 como referencia temporal más relevante. Lo que a uno le lleva a pensar en un thriller cinematográfico americano pero, al ser expresado mediante una forma escrita, con más tramas a desarrollar. En casi todo el libro hay una sordidez extrema, que habita desde las más altas instancias del poder (Guillermo Mola y Publio son en este sentido los ejemplos más claros) hasta los arrabales más siniestros (Ramoneda). Solo unos pocos personajes se salvan de esta miseria moral.

   La estructura de la novela es sencilla, basada en ubicaciones espacio-temporales en las que se incluyen escenas en las que habitualmente aparecen dos o más personajes interactuando. Los diálogos están muy logrados y favorecen la lectura, que se hace amena.

     En conjunto, parece que estamos ante una novela de iniciación, fundamentalmente por la cantidad de elementos, tramas y acontecimientos que, como en un totum revollutum, estimulan al lector pero que también lo aturden.

     Un saludo del Criticón Lector.


viernes, 27 de octubre de 2017

"LA PLAZA DEL DIAMANTE". MERCÈ RODOREDA

     Esta historia de una mujer, Natalia o Columeta,  contada por ella misma en un periodo azaroso y complejo de la historia de España es uno de los grandes clásicos de la literatura catalana. Publicado en los años 60, Mercè Rodoreda nos transmite con un lirismo, una sencillez y una indiscutible agudeza psicológica el perfil de una mujer que parece simple pero que, sin embargo, es uno de los grandes personajes femeninos de la literatura española del siglo XX.

     Un texto lleno de símbolos, de autorreferencias que lo hacen redondo y coherente, de dominio expresivo, con un tono oral que engaña, pues, pese al predominio de este, el texto está cuajado de metáforas sencillas y profundas, tremendamente reveladoras del estado de ánimo de la protagonista. Un personaje sin fallas, alrededor del cual hay una familia, un barrio y una ciudad, la Barcelona del periodo previo, coetáneo y posterior de la guerra civil. Pero no se engañen, esta novela es compleja y sutil, no aporta datos históricos o sociales, no nos arroja tesis o caminos por los que transitar; todo lo contrario, es la historia de un ser humilde con sus problemas, sus miserias, sus escasas alegrías, y el  contexto de esta mujer se contornea por la influencia que tiene en su vida, es decir, de un modo alusivo e implicatorio. Es el lento discurrir de la vida. Y para ello el manejo del tiempo del relato es, sencillamente, genial. Cómo olvidar la secuencia, casi al final del libro, en la que de un modo simbólico asocia la propia madurez con el lento caer, como plumas de paloma, de las hojas en otoño.

     Dentro de ese cajón de sastre que es la novela de la posguerra, este libro ocupa una posición privilegiada por la fuerza del personaje y por la sutil muestra de la vida en una Barcelona humilde y trabajadora. Se podría estructurar en tres momentos históricos, el antes, el durante y el después de la guerra. O en sus dos matrimonios. Prefiero hacerlo en tres. Antes de la guerra vemos a una Natalia más inocente, con una candidez infantil y más bien descriptiva de la vida, el discurso es más simple pero no por ello menos sutil. Es el momento de conocer al Quimet, su primer marido, personaje manipulador con el que se muestra el contexto social en que vive la mujer de la época, tristemente oscurecido por un machismo estructural. De alguna manera, el palomar refleja la peripecia vital del matrimonio, pues en él se ve la dominación del marido y, por fin, el conato de rebelión, ya bien tardío de Columeta. Quimet y la última paloma tendrán así mismo un destino idéntico. Pero esto ocurrirá en la segunda parte de la novela, el periodo de la guerra. En este, el hambre y la desesperación, con pasajes tremendos, contados con una delicadeza y un sentido de la medida imponente, toman cuerpo como fuerzas motrices de Natalia. La tercera parte llega con el encuentro salvador con el tendero Antoni, que se hace cargo de ella y sus hijos, primero dándole trabajo, y luego casándose con ella. El Antoni es un ángel de la guarda, sin sexo, castrado físicamente pero inmensamente fecundo en darse a sí mismo.  Sus hijos se adaptan a él perfectamente, pero será ella la que tenga problemas para lograr el equilibrio (la balanza cobra importancia como símbolo dominante), el discurso toma aquí ,dentro de la oralidad dominante, un tono más lírico, más metafórico. El lento fluir de la vida de Natalia, primero encerrada en casa, con agorofobia, y luego dando largos paseos en soledad se muestra con un discurso más desquiciado, sin eludir pasajes oníricos con sueños en forma de pesadilla,  un discurso menos asentado, reflejo de la propia situación personal.  El pasaje final, catártico y purificador, de vuelta al principio de todo, la Plaza del diamante, el retorno al origen con el efecto purificante del grito, redondea un libro que es, sin duda, una obra maestra que se sigue leyendo casi sesenta años después de su publicación. Y la vuelta a casa nos devuelve a una Natalia agradecida, cuya última palabra final referida a unos gorriones, ya no palomas, es contentos.

lunes, 9 de octubre de 2017

"PATRIA". FERNANDO ARAMBURU

      "Patria" es uno de los más extraordinarios éxitos editoriales del 2017. Su autor del que ya reseñé "Ávidas pretensiones" ha conseguido encandilar tanto a crítica como a público con una obra de gran calado social, compleja y de múltiples perspectivas. Un libro rebosante de humanidad real que interpela al lector y que por momentos desasosiega, escrito con una prosa de gran maestría con dominio de todos los registros textuales, especialmente los dialógicos. 

     Cuenta la historia de dos familias en profundidad, unidas primero por la amistad y, luego por un acto terrorista. En ese sentido, se cuenta el antes y el después del asesinato, con continuos saltos temporales, de cada uno de los miembros de las dos familias. Alrededor de las vidas de las dos familias se observa el contexto histórico-social en el que se manifiesta esta excrecencia brutal que es la violencia y su aplauso o tolerancia en la sociedad vasca, y, sobre todo, en un pueblo de Guipúzcoa con mayoría social abertzale. Son muy reveladores en este apartado los capítulos donde se observa el miedo a sentirse señalado y la cobardía de aquellos que solo quieren vivir su vida sin complicaciones, que, por omisión, se convierten en cómplices del totalitarismo ideológico. La novela no se escabulle, en sentido contrario, en lo relativo a los excesos policiales, los aborda sin complejos y a veces con dureza. Por otro lado, nos muestra las consecuencias de la valentía en una sociedad viciada con la muerte del Txato, la víctima asesinada en este relato, euskaldun de nacimiento cuya única pega personal es ser un empresario de éxito que por diferentes motivos no puede pagar el impuesto revolucionario que impone ETA, actuando como una mafia extorsionadora.

     El texto se detiene individualmente en los integrantes de las familias implicadas. Cada capíutlo es una secuencia de la vida de estos personajes que interaccionan constantemente. Quizá se puede achacar que, en algunos momentos, están estereotipados, pero en términos generales están muy bien construidos, si bien unos mejores que otros. Especias atención merecen las matriarcas de las familias (Miren y Bittori), íntimas amigas en la infancia, casi como hermanas, que se ven separadas de forma drástica con la cercanía del primogénito de Miren al entorno radical de la kale borroka, la lucha en la calle o, lo que es lo mismo, el vandalismo organizado, y, por tanto a ETA.

     Bittori, mujer del Txato, que acude puntual al cementerio de Polloe a conversar con su marido muerto, nos da la noticia del final de la lucha armada por parte de ETA. A partir de aquí se genera todo un viaje en búsqueda de la necesidad de conocer y de perdonar. Se muestra su relación con sus hijos, problemáticas en el caso de la hija tras el asesinato del Txato. Su huida a San Sebastián y su vuelta al pueblo tras el cese de la violencia en un entorno hostil.

    El Txato representa al euskaldun trabajador y valiente que no quiere plegarse a las amenazas y a la extorsión. Su valentía tendrá como recompensa su asesinato. Quizá no está tan bien retratado como los demás, pero queda un poso de dignidad en el personaje que es sustantivo en el relato. No hay duda que resulta más injusto para el lector recrear la figura de la víctima sin fallas morales. El libro es, no lo olvidemos, una crítica al terrorismo, y, sobre todo, a esa parte de la sociedad que lo justificaba y lo jaleaba o, en todo caso, se mantenía al margen a lo Pilatos.

     Xabier, primogénito de ambos, es un médico cirujano que se dedica de forma profesional a salvar vidas, en este sentido hay una clara intención de contraste con Joxe Mari, primogénito de Miren y Joxian. Ahogado por la culpa, por la melancolía y la tristeza lleva una existencia anodina de trabajo permanente y atención a su madre en la que sus estancias en su despacho tomando alcohol son su única manera de combatir la tristeza. Una vida en naufragio permanente.

     Nerea, la pequeña y ojito derecho del Txato, sufre las consecuencias del asesinato de otra manera, intenta salir de la tristeza, pero la claustrofóbica vida de una víctima de terrorismo y la mala suerte acude siempre a deshacer sus intentos. Un personaje perdido que al principio busca  en su adicción al sexo una salida y luego en una relación amorosa liberal y algo humillante, cuya vacuidad es el síntoma del grito de horror que no nunca pudo desenterrar.

    Joxe Mari es el terrorista, en él vemos una evolución, sobre todo al final del libro. El paso de los años en la cárcel le ablandan el carácter y toma conciencia de la estafa que ha supuesto para él el terrorismo. Es un personaje también bastante estereotipado, joven, sin mucha inteligencia, de aspecto robusto, que en sus tiempos mozos jugaba al balonmano. Su inclinación violenta y el entorno en que se mueve coadyuvan a su integración en la banda armada. Quizá los últimos capítulos muestran lo mejor del personaje; sin embargo, aquellos que se refieren a su periodo de acercamiento, entrenamiento e integración en un comando de ETA, aunque desde el punto de vista narrativo tienen un valor claro, pues aportan algo de acción, desde la perspectiva del personaje son poco relevantes y muy esquemáticos.

     Miren es una madre con un carácter de pedernal, de sentimientos interiorizados, jamás los muestra al exterior. Se hace abertzale por su hijo y por él se fanatiza. De algún modo, es el amor al hijo lo que le hace justificar, no sin antes una ayudita del párroco del pueblo, las acciones de su hijo. Es la líder de la familia y su fortaleza es sinónimo de brusquedad y falta de sensibilidad y empatía.

    Joxian es íntimo amigo del Txato, su compañero de mus, su compañero en las carreras de bicis; sin embargo, es un hombre débil que vive bajo las órdenes de su mujer. De buen corazón, sufre las consecuencias de su cobardía. Es un personaje muy humano, doliente y, a mi parecer, muy logrado.

     Koldo es el hermano pequeño de Joxe Mari, lo llaman el Kartujo por su afición a la lectura y su interés por la literatura y por no sumarse con la intensidad requerida por las fuerzas nacionalistas a lo requerido por estos. Es también débil de carácter, incapaz de mostrar su desacuerdo o aversión a la violencia de forma pública, y menos a su hermano. Con la edad, su salida es el euskera y una relación amorosa lejos de su pueblo. Su huida es la resignación o la claudicación de los no violentos.

     Arantxa es el personaje más sufridor de la novela, y aún así quien tiene una actitud más positiva en toda la novela. Es la hermana menor de Joxe Mari, y está claramente en contra de la violencia y su entorno. Es valiente y combativa. Se casa con Guillermo y el matrimonio es un fracaso absoluto. Pero esa será la menor de sus desgracias, puesto que en la cuarentena tiene un ictus que la deja impedida y durante un tiempo bajo el síndrome del cautiverio. Su lucha y cabezonería, algo tiene que tener de Miren, le llevará a mejorar significativamente de su invalidez. Es un personaje fundamental como puente de las dos familias.

     Como se puede ver, la novela es un fresco de toda una época reciente, triste e indignante, que aunque ya ha sido muchas veces contada, no de una forma tan abarcadora. Es una novela totalizante y, a mi juicio, con muchas más virtudes que defectos. Un intento de poner una soga crítica a ese paradigma ideológico que justificaba la violencia en un Estado de Derecho que puede soliviantar muchas conciencias, pero que siempre es necesario. Estoy seguro que una novela así la tildarán de plegarse demasiado a una tesis, de estar demasiado dirigida, de parcialidad, pero en asuntos como este parece necesario una toma de conciencia radical de lo que se debe y lo que no se debe hacer. Una novela en donde el perdón, la conciliación y la dignidad se simbolizan perfectamente en ese abrazo final. Y no hay más palabras.